El músico barcelonés Rafael Guardia, «del comercio». (Relaciones familiares, empresariales y profesionales en la edición musical desde la exposición universal de 1888 hasta comienzos del siglo XX)

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Antonio Ezquerro Esteban

Resumen

El músico, almacenista de música (propietario de una tienda floreciente) y editor musical Rafael Guardia, generó un tipo de negocio especializado en la venta de partituras e instrumentos musicales que iba a gozar de gran éxito durante más de un siglo. Ubicado en las Ramblas barcelonesas, no muy lejos del Teatro del Liceo y el homónimo conservatorio, compartió escenario ―entre los últimos años del siglo XIX y comienzos del XX― con otros muchos comercios competidores (Juan Ayné, Musical Emporium, Vidal y Roger, Juan Bautista Pujol, Dessy, Astort y Miralles, etc.), que hubieron de idear nuevas técnicas de mercado para hacerse un hueco entre una creciente clientela, que se debatía entre la adquisición de nuevos medios de reproducción musical mecánica (fonógrafos, gramófonos, pianolas...), el alquiler o la compra directa de instrumentos musicales para “hacer” música en vivo y en directo, y la circulación de partituras impresas que, entre orquestinas de baile, bandas y grupos de cámara, así como un consumo doméstico “de salón”, conformaban poco a poco un repertorio reclamado por una sociedad civil que abarcaba desde la burguesía bien estante hasta unas nuevas y crecientes clases medias, que pugnaban por prosperar. Un comercio, el de Rafael Guardia, que ―aunque a duras penas debido en buena parte al desafío de Internet y los nuevos modos de consumo musical― todavía subsiste en la actualidad como “Casa Beethoven”.

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